¿Cómo te interesaste de chico por el arte, el dibujo,
los comics...?
SAM KIETH: No me acuerdo de un tiempo en que no estuviera ya interesado
en todo esto. De chico dibujaba... no sé si eran exactamente comics.
Mi primo es David Feiss, el animador que creó a Cow & Chicken, y
crecimos juntos, como hermanos y dibujábamos juntos. Yo crecí
en una casa donde todo el mundo dibujaba todo el tiempo. Era raro que alguien
de la familia no dibujara, porque casi todos dibujaban. Y bueno, era lógico
que los chicos dibujáramos....
¿Con qué comics descubriste que
te interesaba este campo?
SAM KIETH: Lo que le gustaba a todo el mundo... Hulk, Spider-Man,
los superhéroes tradicionales. Me gustaba mucho Black Panther, me decepcionó
muchísimo que la dejaran de sacar. A mí ni se me ocurría
que un comic se podía cancelar. Yo estaba como loco. éQué
pasó? Me están cagando! ¿Dónde está el número
once?!? Lo volvía loco al tipo del supermercado donde compraba los comics.
¿Dónde está el número once? -¿Qué sé
yo, pibe? Tomatelás! (risas) Y escribí a la editorial y me explicaron
que a veces los comics se cancelan y dejan de salir... Recién en la adolescencia
me empezó a interesar el comic europeo, Hugo Pratt, Moebius, Lucky Luke,
Milo Manara. Y es raro, porque mi primo Dave se mudó para allá,
vivió en Europa como 13 años y se casó con una chica española.
Y cuando volvió, sabía un montón de comic europeo, no podía
creer cómo acá se ignoraba todo ese material. Y ellos me dieron
ganas de explorar todo eso. Por ahí es un cliché que ya se dijo
mucho, pero lo que hizo Moebius es increíble, es como si Jack Kirby,
en el medio de una historieta, empezara a dibujar como Robert Crumb. Toda su
producción anterior, todo lo que hizo con Blueberry, no se parece en
nada a Arzach y toda esa movida. El tipo pudo incorporar estilos totalmente
diferentes... es el mismo tipo pero no se nota!.

¿Cuándo empezás
a trabajar profesionalmente en el comic? ¿Puede ser que lo primero haya
sido tu laburo de entintador en Mage?
SAM KIETH: Sí, así empecé.
Ese fue el primer trabajo pago. Hasta entonces, yo pensaba que el trabajo del
entintador era hacer lo que le decían y entintar lo que el dibujante
había hecho a lápiz, un tipo que no tenía ni voz ni voto.
Pero yo me copé, y le empecé a agregar detalles a los dibujos
de Matt Wagner. Pensé que como Matt tenía un estilo muy simple,
muy despojado, le iba a gustar que yo le agregara detalles. Graffitis graciosos
en las paredes, barbita de dos días a los personajes, detallitos, como
para impresionarlo. Y Matt me paró el carro: "Tenés que
sacar esos detalles. Yo no los puse y no los puse a propósito, para que
el lector vea lo que se supone que tiene que ver. Se supone que el dibujo tiene
que ser simple, por el tipo de historia que estamos contando". Y tenía
bastante razón. Yo leía las historias cuando me llegaban por correo,
a lápiz, directo de los originales y sin los textos. Y me parecían
buenísimas. ni bien las terminaba de leer, me ponía a entintar,
pero ese es un proceso muy distinto, las habilidades que se requieren son muy
distintas. Pero estaba tan cebado con Mage, que ni pensaba, le daba para adelante
y le ponía todo. Mage tenía la ventaja de que estaba tan bien
narrado, que se entendía perfecto sin los diálogos. Cualquiera
que no sabía nada de comics, veía eso y entendía lo que
pasaba sin leer los textos. .Hace unos años, Fantagraphics reeditó
una serie de historias cortas tuyas, en unas revistas llamadas I Before E.
¿Dónde
las publicaste originalmente?
SAM KIETH: Son historias en blanco y negro que hice para
mí, incluso antes de conseguir laburo como entintador. Cositas que hacía
gratis, o por cinco mangos la página, para algún fanzine, para
revistitas under, e incluso para Comico Primer. Ahí publiqué una
historia con un conejo llamado The Maxx, pero lo único que tiene en común
con el que todos conocen es el nombre.
Aparte de tu labor como entintador,
creo que tu primer trabajo importante, lo primero que realmente llamó
la atención, fueron los primeros números de Sandman, allá
por el '88. Sé que Neil Gaiman y vos tienen puntos de vista muy opuestos
acerca de esos primeros números y me gustaría conocer mejor tu
opinión al respecto...
SAM KIETH:Sí, dejame que lo organice de un modo
más o menos formal. No sé... Neil tenía una visión
muy específica de lo que él quería. Eso era lo mejor que
le podía pasar a Sandman, pero no era lo mejor que me podía pasar
a mí. El necesitaba alguien que dibujara lo que él quería
ver. Suele pasar con los guionistas ingleses, con Neil, con Alan (Moore)...
son muy específicos en la descripción y quieren que sigas esas
indicaciones al pie de la letra. No me dejaban ninguna libertad para pelotudear.
Por ahí para la revista eso es bueno, pero a menos que trabajen con dibujantes
a los que les gusta seguir instrucciones super-específicas... se puede
convertir en una especie de prisión. Falta que te digan en qué
angulo tenés que sostener el lápiz y cuánta presión
tenés que hacer sobre la mina (risas). ¿Y yo qué hago?
-Vos agarrá el lápiz en el ángulo que yo digo y dibujá
(risas). Pero bueno, yo no me divertí, pero hay gente que sí y
que lo hizo muy bien.
Para ese entonces te fuiste a Marvel, donde tuviste muchísimo
éxito dibujando a Wolverine...
SAM KIETH: Sí. Lo primero que hice en Marvel
fueron un par de números de Nightmare on Elm Street, y al toque se canceló.
Yo estaba re-copado, dije "esta es la mía. Voy a ser el dibujante
de Freddy Krueger! Qué grosso!". Pero bueno, por suerte me dieron
para hacer unas tapas de Wolverine en Marvel Comics Presents y la gente se dividió
entre los que las disfrutaron muchísimo y los que me detestaron por esas
tapas. Eran tapas muy locas, yo me iba zarpando cada vez más, las proporciones
se iban yendo al carajo. Algunos coordinadores las detestaban, pero mucha gente
dijo "Esto es copado". Otros decían "No soporto
a este tal Sam Kieth! ¿Qué mierda se cree que está dibujando?!?"
(risas). ¿Qué es esto? Yo dibujo mejor! Este tipo hace formitas!
Wolverine es un globo! El cuerpo es un circulito! Tiene un círculo del
que le salen dos brazos! ¿Qué es eso? Eso es geometría,
no anatomía! (risas). Es cierto, yo siempre trato de meter lo que a mí
me gusta. Como Simon Bisley, que manda lo que se le canta en el dibujo, y le
queda fenomenal. Yo no veo cuál es el problema en dibujar sólo
círculos, o triángulos, o caricaturizar excesivamente una imagen.
Bill Sienkiewicz lo hace, Bisley lo hace, son tipos muy libres, muy sueltos.
Por ahí acá ponen todo el cuidado y acá... spluach! se
van al carajo, se deliran mal y se van a un dibujo que, académicamente,
está mal.
Las novelas gráficas de Epicurus, ¿son simultáneas
con tu laburo en Marvel?
SAM KIETH: Sí, estaba haciendo tapas y aventuras de
Wolverine, así que ganaba muy bien, o sea que no tenía necesidad
de hacer otras cosas. Pero Epicurus me encantó, así que agarré
viaje. Es muy gracioso, porque yo en Sandman hice mi mejor esfuerzo y más
de uno me dio con un caño, pero se vendió bastante bien. Y poco
después salió Epicurus y todo el mundo habló maravillas,
pero nadie la compró! Todos los profesionales me venían a felicitar
por Epicurus y los fans decían "¿Qué es eso?".
Y yo decía "Loco, qué grosso sería no sólo
hacer mi mejor trabajo, sino también lograr que la gente lo vea!".
¿Cuánto de Epicurus es tuyo y cuánto de Bill Messner-Loebs?
SAM KIETH: Bill creó todos los conceptos. Sin duda, es SU obra. Incluso ahora estoy
haciendo los trámites legales para cederle mi parte del copyright a Bill,
porque lo mío fue apenas dibujarlo. Cada tanto seguimos hablando de Epicurus,
a mí me gustaría hacerla como serie de televisión, porque
es genial. Es difícil encontrar dónde hacerla, pero siempre está
la opción de producirla en un canal estatal, o en forma independiente,
como hice yo con The Maxx. Lo complicado es conseguir veinte millones de dólares
para hacerlo.
Tu relación con Messner-Loebs continuó en tu siguiente
gran proyecto, que fue The Maxx.
SAM KIETH: Claro. Yo le dije "Te quiero pagar
para aprender a escribir. Quiero que vos escribas y tener la libertad de retocar
lo que vos escribiste y meter cosas mías. Tenés que estar muy
seguro de lo que escribís, porque está la posibilidad de que yo
te lo estropee". A él le pareció bien y funcionó
bárbaro durante diez o quince números. Después, cada uno
empezó a presionar al otro para meter sus cosas, empezaron las molestias
porque yo quería escribir lo mío, tuvimos una pelea grossa y después
nos arreglamos. Para mí era como tener un hermano mayor, que me enseñaba
un montón de cosas, pero era obvio que tarde o temprano yo tenía
que tratar de hacer las cosas por mí mismo.
¿Qué tanto
del primer arco argumental de The Maxx tenías planeado cuando lanzaste
la serie?
SAM KIETH: Nada. Improvisamos todo. Yo tenía un par de cosas en claro,
pero no sabía cómo iba a terminar, hasta que surgió esa
escena en el baño donde ella (Julie) está vomitando. Y ahí
dije "Acá está la posta! Esto es algo que no se hizo nunca
en ningún comic! El personaje principal está hecho mierda y lanza
en un inodoro, mientras en otro mundo empieza a salir lava de un volcán".
Es una metáfora medio berreta, pero ahí me di cuenta de que tenía
que darle consistencia al asunto. Y es gracioso, porque en los números
21 al 35, me esforcé por darle más sentido a todo, pero muchos
dicen que no me salieron muy bien. En los veinte primeros, ni lo intenté
y a todo el mundo le gustaron!.
¿Notaste que ese rompecabezas que es The
Maxx se arma sólo cuando leés los veinte primeros números
de corrido?
SAM KIETH: ¿En serio?
Sí, yo conozco mucha gente que colgó
la serie antes del 20, porque decían que no se entendía un carajo.
Pero los que se la bancaron hasta el 20, y la leyeron de corrido, se coparon,
dijeron "Esto es buenísimo y tiene sentido!"
SAM KIETH: Qué
loco, no? Porque no era la idea... (risas). Pero en serio, fue inspiración
pura. Después de varios años soportando que la gente me dijera
qué tenía que dibujar y cómo tenia que dibujar, con The
Maxx fue más bien sentarme y decir "Okey, yo sé y vos sabés
que Maxx lucha contra Pitt, pero ¿en qué contribuye eso a avanzar
la historia de Maxx?". Y bueno, aprovechábamos para meter más
cosas. Y al número siguiente, yo tenía ganas de dibujar una cosa
gigante y naranja que salta sobre la gente, porque sí. Y esa era la premisa
del número. Yo me mataba arman-do imágenes copadas, pero hacía
falta meter eso en el contexto de la serie. Y Bill me cagaba a pedos, me decía,
"¿No podemos hacer que Maxx salve a alguien en este número?"
(risas). -No, no, este número bolu-dea, nomás. The Maxx no es un
superhéroe típico. Y él me decía "Dale, cada
tanto tiene que hacer algo hero-ico. Tenemos una serie sin héroes!".
-Sí, ya sé, esa es la idea! Eso es lo que hace que la serie sea
grossa!
Tenemos un chabón violeta y roñoso que siente pena de
sí mismo. Y Bill decía "Pero no se pueden hacer veinte
números de eso! Tenés que hacer que el tipo haga algo! Puede ser
un anti-héroe, pero tiene que ser heroico. ¿No puede salvar a
una chiquita de un colectivo?" -No, no. Puede salvar a alguien, pero
no puede ser una chiquita de un colectivo. Tiene que ser otra cosa. Y bueno,
puede ser que todo eso lo haya frustrado a Bill.
Con The Maxx covertido en serie
animada, ¿por qué decidiste terminar el comic?
SAM KIETH: No, cuando terminó
el comic, la serie animada había terminado hacía rato. De hecho,
los números... 15 al 20 fueron pensados para ser comic y animación
al mismo tiempo. Y bueno, la idea era seguir el comic, pero a partir del número
30, me colgué contando otras historias, cada vez más lejos de
los superhéroes, más bien para el lado del drama humano, tipo
película de Woody Allen. Y los fans se dividieron. Algunos estaban contentísimos
y los más fanáticos de los superhéroes estaban a las puteadas.
Y yo cada vez me colgaba más. Arrancaba una historia en un número,
al número siguiente arrancaba otra, al número siguiente otra,
todas con distintos personajes! Y me decían "No se puede hacer
eso!". Los fans estaban re-calientes y me apuraban mal: "¿Pensás
terminar alguna de estas historias?". Y yo decidí cortar por lo
sano. Era como una operación que estaba saliendo mal, chorreaba sangre
por todas partes (risas). Siempre supe que no iba a tener un final feliz, pero
también sentía que le debía a los personajes la dignidad
de matarlos a todos. Y ahí tuve que volver al nudo de la historia, al
trailer de Mr.Gone, porque ahí fue donde se empezó a ir todo a
la mierda, cuando le pedí a Alan Moore que escribiera un número
acerca de este villano que vivía en un trailer, Mr.Gone. Y él
escribió un masacote de sesenta páginas, donde todos morían.
Y yo dije "Esto es genial, pero si hacemos esto, no puedo seguir con
la serie!". Así que había que reescribir el final y se
lo dije a Alan, seguro de que me iba a re-putear. Y él dijo "Está
bien, pero escribilo vos. Yo ya hice el intento". Y yo lo reéscribí,
pero en mi mente, el villano moría en ese trailer. Entonces al final,
ya decidido a matarlos a todos, terminé usando el final de Alan. No sé
si él se hará cargo, pero el final es todo suyo.
¿Qué
onda la serie animada? ¿Qué aspectos te enorgullecen y cuándo
rezaste para que tu nombre desapareciera de los créditos?
SAM KIETH: Estoy muy
orgulloso de todo lo que hizo la gente del estudio de animación, porque
se hizo todo con un presupuesto bajísimo, menor que el del típico
dibujo animado re-limitado de los sábados a la mañana. Y al no
tener plata, la única que nos quedaba era trabajar más duro. Hicieron
un trabajo fabuloso. Y lo que me hizo putear fue lo que pasó con mis
dibujos. Yo les daba las historietas para filmar y muchas veces ellos ampliaban
para hacer un primer plano un dibujito re-choto que yo había puesto muy
chiquitito por ahí. Y ni siquiera me avisaban, como para que yo lo retocara,
o lo hiciera de nuevo, entonces yo veía que quedaba horrible y me quería
matar. Un par de veces, en convenciones, lo vi en pantalla gigante y es un asquete.
Es lógico: ampliás cualquier cuadrito así chiquito y se
va a ver para el orto.
Después de un par de años de muy poca
producción en historieta, estás por lanzar una nueva serie para
WildStorm, Zero Girl. Contanos de qué se trata.
SAM KIETH: Se trata de una chica
que es un cero (risas). En serio, no sabíamos qué otro nombre
ponerle. Está basada en un cuento de hadas de los Hermanos Grimm, que
además es uno de los pocos cuentos que toca el tema del incesto, por
lo cual se editó al margen de los libros de cuentos que todo el mundo
conoce. Es la historia de una chica que se tiene que casar con su padre y se
termina escapando. No es el tipo de historias que a uno le gustaría tener
que explicarle a sus hijos. Esa es la base de la historia. La chica que se quiere
escapar de un ambiente opresivo. No quise repetir el personaje de la chica abusada,
porque eso ya lo había hecho mucho en The Maxx, me parecía la
fácil. Y decidí hacer un personaje estúpido, retardado,
patético, y se me ocurrió hacerla como soy yo (risas). Y parte
del chiste es el trabajo que hago con las formas. Ella tiene la idea de que
ciertas formas son buenas y otras son malas. Ves una mesa, estás en problemas.
Y los buenos de la historia son las formas redondas... qué sé
yo... un Volkswagen. Pero las formas redondas son más difíciles
de encontrar. Cosas cuadradas hay por todos lados, o sea que es un mundo maligno.
Y bueno, se me ocurrió una forma en que ella se evade de la realidad.
¿El estilo de dibujo se parece a lo que hacías en The Maxx?
SAM KIETH: No, esta vez estoy tratando de dibujar mejor. Uso muchas fotos, busco una onda
más realista, pero en el fondo soy yo. ¿Sabés qué
parece? Una mezcla entre lo mío y las referencias fotográficas.
Lo que parezca bueno, son las fotos. Lo que parezca choto, es lo mío.
Es difícil trabajar así, en estilos realistas. Eso es algo que
admiro en los autores europeos, porque parece que a ellos les sale fácil.
A mí no. Yo no soy un ilustrador, soy un historietista. Y bueno, así
es como se me nota la falta de habilidad para algunas cosas, sobre todo en las
caras de los tipos. Ahí tengo problemas, no me salen parecidos de un
cuadrito a otro. Me gusta cómo me salen las chicas, eso sí. Pero
las mejores tomas están choreadas de fotos. Pero no se parece a The Maxx.
Creo que la gente a la que no le gustó The Maxx debería comprarla
y la gente a la que le gustó The Maxx... no sé.

Para terminar,
vos que sos un creador atípico, propietario de tu obra, autor integral
y demás... ¿cómo ves la industria del comic americano?
SAM KIETH: No sé... es interesante. Mi primo, que es el dueño de Cow &
Chicken, cuando le cuento que hay gente que no es dueña de sus personajes,
no lo puede creer, le parece absurdo. Parece mentira cómo todavía
en EEUU miramos para otro lado respecto de esto. Incluso en el cine, hay gente
que hace grandes películas de las que no son dueños. Creo que
pasa por una participación financiera. Cuando te arriesgás financieramente,
nadie te discute la propiedad de nada. No sé por qué, pero es
así. Y volviendo al comic... el comic americano me gusta mucho menos
que el europeo. En The Maxx, todos los afanos los hice mirando autores europeos.
No digo que todos sean mejores que los de acá, pero me parece que son
más libres, porque tuvieron la posibilidad de desarrollarse en un mercado
que no consiste sólo en superhéroes. Yo tardé tres o cuatro
años en dejar de tratar de dibujar superhéroes al estilo tradicional,
que es lo que había aprendido de tanto mirar a John Byrne y otros autores
de esa época. Trataba de copiarlos y repetía sus errores! ¿Para
qué? ¿Quién iba a contratar a un mal imitador de John Byrne,
si ya tenían a John Byrne?. Pero bueno, es así. El 80% de los
comics que uno ve, se basan en regurgitar ideas y estilos viejos. Pareciera
que están todos dormidos, incluso cuando muchos de estos tipos tienen
un talento infernal y se dibujan todo! Pero no tienen idea de qué hacer,
ni les importa! No es que yo tenga idea, pero... no sé, creo que falta
imaginación, no tanto habilidad, sino imaginación y huevos para
hacer algo más personal. Necesitamos voces personales que se distingan
de la masa, aunque sean voces retorcidas y hechas mierda.
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